Ya lo dijo Charles Elton, «el equilibrio de la naturaleza no existe, y tal vez nunca haya existido».

🐟 En 2013, como en cada temporada, miles de peces globo (Canthigaster rostrata) juveniles arribaron a las costas caribeñas de Costa Rica en busca de zonas de forrajeo. Pero ese año sería diferente: sufrieron un evento de muerte masiva cuyas causas aún no están claras. Quizás se debió al estrés por una densidad poblacional muy alta, a la escasez de alimento, a alguna enfermedad u otro factor ambiental que truncó la fase de asentamiento.
☠️ La vida lleva a la muerte, la muerte lleva a la vida. Carroñeros y descomponedores no dudaron en aprovechar el banquete. Entre los comensales, también se dio cita una especie poco habitual en estos eventos, la tortuga verde (Chelonia mydas), que normalmente representan el papel de herbívora. Sin embargo, la fatalidad de los peces globo también cayó sobre los reptiles, como una maldición de la cadena trófica.
☣️ Los pequeños peces, cuyo arsenal de tetrodotoxina era muy bajo para fulminar a sus depredadores, portaban otra toxina: la saxitoxina. Dicha molécula, producida por microalgas, se había ido acumulando en sus tejidos sin causarles daño. Como resultado, Costa Rica documentó una oleada de tortugas marinas varadas, muchas muertas y otras con parálisis severa, tras ingerir en poco tiempo una dosis letal de saxitoxina. Este episodio volvió a repetirse en 2014 y 2017.
🎴 Cuando conocí este caso me llamó la atención porque es un buen ejemplo de cómo la idea del equilibrio de la naturaleza puede desmoronarse como un castillo de naipes. Una cohorte de peces que colapsa, aperitivos cargados de toxinas y una población de tortugas que, sin estar íntimamente relacionada con la de peces, sufre un súbito bajón. Aquí el tapiz de la vida no parece estar perfectamente hilado, siguiendo el dictado de relaciones armoniosas. En su lugar, el flujo de la biosfera se muestra tal y como es, pulsando de forma irregular ante la contingencia.
🎻 El equilibrio de la naturaleza implica que todos los componentes de la biosfera están en armonía, como en una orquesta que suena de forma exquisita. O una deliciosa tarta preparada por un gran chef. O una máquina eficazmente montada. O la metáfora que más te guste. El problema con este marco es que, en todos esos ejemplos, el violín, la harina o el tornillo tienen un “para qué”, mientras que las piezas de un ecosistema, las especies, no lo tienen.
🚗 Insisto. Detente y paladea bien esta idea. Podemos decir que el volante de un coche tiene un propósito. Y el botón del ascensor también. Esto es así porque dichas cosas fueron diseñadas y, por tanto, es lógico que sus componentes tengan un “para qué”. Sin embargo, asumir ese razonamiento en el ámbito de la ecología supone un peligroso error, ya que las especies no persiguen un propósito.
Sigue saboreando para apreciar todos los matices 👇
🪱 De lo contrario, si una especie tiene un propósito, todas lo tienen, desde Homo sapiens hasta los parásitos más indeseados. Ya lo dejó caer Charles Darwin mientras trataba de encajar el parasitismo en el paradigma naturalista del siglo XIX:
«Es despectivo que el Creador de incontables mundos haya creado cada una de las miríadas de parásitos rastreros y gusanos viscosos que pululan diariamente… en este único globo terráqueo»
🧩 Subamos de nivel de complejidad. Entonces, si las fichas de un ecosistema no tienen una función que cumplir, el conjunto de todas ellas tampoco la tiene. Sin embargo, la persecución a vida o muerte entre depredadores y presas nos hace ver lo contrario. Vestimos la complejidad con finalidad, sin darnos cuenta de que ni siquiera seríamos capaces de responder a preguntas como estas: ¿cuántos guepardos y gacelas son necesarios para que la máquina funcione en su punto óptimo? ¿Cuál es la cifra exacta?
🦗 Ecólogos como Charles Elton documentaron con esmero los vaivenes de las poblaciones animales, concluyendo que «el “equilibrio de la naturaleza” no existe, y tal vez nunca haya existido». La irrupción de una plaga de langostas o el dramático caso de las tortugas verdes en Costa Rica son dos excelentes ejemplos que le dan la razón.
🤨 ¿No te convence? Ampliemos la escala temporal. Si asumimos el marco del equilibrio de la naturaleza, asistiremos estupefactos a la materialización de un Tyrannosaurus rex en la habitación. Entonces tendremos que hacer frente a su inquietante mirada y responder a más preguntas. Si los ecosistemas de nuestro tiempo tienden a un equilibrio óptimo o deseado, ¿la naturaleza del período Cretácico era mejor o peor que la del Holoceno, la época que vio nacer la civilización humana?
🦖 ¿Qué fin tenían los dinosaurios y los millones de especies con las que compartieron las biosferas del Mesozoico? ¿Vivían los T. rex en armonía con la naturaleza? Aunque sería fascinante, para responder a estas preguntas no necesitamos conocer al detalle los entresijos de los ecosistemas cretácicos. Ninguna de aquellas criaturas vivía “para” algo; simplemente estaban, hasta que la extinción las alcanzó.
🦕 🦖 ☄️
🗞️ Algunas historias interesantes de la semana pasada:

🐦🐺 Los cuervos recuerdan los festines de los lobos. Cuando una manada de lobos mata a una presa, los cuervos (Corvus corax) suelen ser los primeros en llegar y esperar los restos. Sin embargo, un reciente estudio llevado a cabo en el Parque Nacional de Yellowstone ha documentado cómo estas aves no necesitan seguir siempre a los lobos para comer. Los cuervos son capaces de recordar los lugares de caza y regresan a ellos incluso desde kilómetros de distancia. Algunos ejemplares vuelan hasta seis horas seguidas y recorren unos 155 km al día, visitando zonas donde los lobos cazan con más éxito.
🌙🐜 Hormigas que usan la Luna como brújula. Las hormigas toro Myrmecia midas se orientan de noche con una estrategia nunca vista en animales: usan una brújula lunar con compensación temporal. Como la Luna se mueve por el cielo y cambia su velocidad a lo largo del trayecto, estas hormigas combinan su posición con un reloj interno para calcular dónde está el hormiguero.
🦔👂 Los erizos escuchan ultrasonidos y eso podría salvarlos de las carreteras. Los erizos europeos (Erinaceus europaeus) pueden oír frecuencias mucho más altas de lo que pensábamos. Un estudio publicado en Biology Letters demostró que estos animales son capaces de escuchar sonidos entre 4 y 85 kHz, dentro del rango de los ultrasonidos (más de 20 kHz). Los humanos solo oímos hasta 20 kHz y los perros hasta unos 45 kHz. El hallazgo abre la puerta al diseño de repelentes ultrasónicos en coches (uno de cada tres erizos muere atropellado), cortacéspedes o desbrozadoras que mantengan a los erizos alejados de zonas peligrosas.
🦜🦙 Una red comercial milenaria transportaba loros vivos de la Amazonia a la costa andina. Un estudio internacional basado en el análisis de ADN antiguo de plumas halladas en el yacimiento peruano de Pachacámac revela que varias especies de guacamayos procedentes de la selva tropical fueron desplazadas a través de los Andes hace más de mil años.
🦐🌡️ El calentamiento del Mediterráneo impulsa la expansión del langostino café. El aumento de la temperatura del Mediterráneo, el mar que más rápido se está calentando del mundo, está favoreciendo la expansión en sus aguas del langostino café (Penaeus aztecus), una especie originaria del Atlántico noroccidental que fue detectada por primera vez en aguas de Turquía en 2009 y que se sospecha que ya ha alcanzado Andalucía.
🦟🐟 El científico español que estuvo a punto de erradicar la malaria pero fue fusilado por el franquismo. Que el nombre de Sadí de Buen no caiga en el olvido.
🐜🐜🐜🐜🐜
Imagen de portada: Primera representación artística de un T. rex. Charles R. Knight.

Deja un comentario