Caenorhabditis elegans, leche de gusano y reproducción suicida

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Las madres de Caenorhabditis elegans producen leche de gusano
📷 Kern et al

🥚 La semelparidad es una estrategia reproductiva que consiste en apostar todo a un único instante. Las especies que han tomado este camino invierten sus recursos en aumentar al máximo las posibilidades de éxito. Hayan o no logrado el objetivo, dicho esfuerzo supondrá un agotamiento irreversible que los condena a morir ☠️

🐟 Un claro ejemplo de semelparidad es la carrera de los salmones que les lleva a remontar ríos. Pero en el mundo microscópico también podemos encontrar historias similares. Caenorhabditis elegans es un pequeño gusano famoso por su papel como organismo modelo. La gran mayoría de estos animales son hermafroditas: usan su propio esperma para fertilizarse. Sin embargo, cuando se quedan sin espermatozoides, su cuerpo entra en una extraña etapa de senescencia o vejez donde, por ejemplo, los intestinos se atrofian debido a un proceso de autofagia 😮

🤔 ¿Qué les está ocurriendo a las madres C. elegans? En realidad, están poniendo en marcha un plan para asegurar la supervivencia de su descendencia. La degradación del cuerpo persigue crear una sustancia nutritiva o “leche primitiva”, que luego libera al medio a través de su vulva. También agasaja a las larvas con más de 100 huevos sin fertilizar, para que crezcan sanas y fuertes 💪

📽️ Kern et al

🔍 Como consecuencia, esta reproducción suicida acorta la vida útil de los ejemplares hermafroditas. Pero la estrategia supone un tanto evolutivo que garantiza la supervivencia de la especie. En palabras de Carina Kern, investigadora que ha encabezado este descubrimiento: “La existencia de la leche de gusano revela una nueva forma en que C. elegans maximiza su aptitud evolutiva: cuando ya no pueden reproducirse porque se han quedado sin esperma, derriten sus propios tejidos para transferir recursos a su descendencia.” 🌎

Puedes leer más sobre esta noticia aquí 👉 Worm mothers provide milk for their young


🌳🐅🌳 Formando un cuarteado dosel de árboles. O una maraña de tallos, hojas y ramas. Creando una tela a través de la cual se escurre, para bailar con las sombras, la luz del Sol. Y entre ese baile, se esconde, repta, corre, salta, vuela, crece, compite, devora, es devorada y se descompone. La verás por todas partes, en el día y en la noche. Incluso más allá de la delgada capa de hojarasca y del húmedo barro que puedas excavar con tus manos. Incluso bajo la superficie de ríos imparables o tocando las nubes. Y más allá. Rodeada por el inmenso azul de océanos y mares. Medrando en lo más profundo, en los lugares donde el Sol cede su reino a otras fuerzas. También allí donde solo parece que hay arena y rocas azotadas por el calor. O donde el hielo y el frío reclaman su blanco dominio. O en tu interior, frenético, ordenado y apetitoso para amigos y enemigos. La vida, desafiante y cabezota, se pega a las todas superficies, rugosidades y escondrijos de la Tierra. Sobrevive y evoluciona, en una larga cadena temporal de criaturas que enmudece las décadas, siglos y milenios que puedas contar. Y ahí estás, Homo sapiens, pidiendo respuestas sobre los misterios de la vida. La ciencia tiene las respuestas que exige tu curiosidad. Y aquí, en Myrmarachne, te las relato 🌎 🌍 🌏 

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