Instantes del Antropoceno II

🎥 Benjamin, el último ejemplar de tilacino, en el zoológico de Hobart.

🎥 Sidney Cook

El 7 de septiembre de 1936 falleció Benjamin, el último ejemplar conocido de tilacino. Vivía en cautiverio en el zoológico de Hobart, en Australia. Desde entonces, el también conocido como tigre de Tasmania pasó a ser una criatura casi mitológica. Un animal que desde su tumba nos arranca falsas esperanzas por verla de nuevo viva, a la vez que una sonrojante sensación de pertenecer a la especie que la llevó a la extinción. En 1935 Benjamin fue filmado, o filmada porque ni siquiera estamos seguros de su sexo, en su recinto durante el rodaje del documental Tasmania, The Wonderland. Recientemente, en 2020, el Archivo Nacional de Cine y Sonido de Australia dio a conocer estas imágenes. Apenas 21 segundos de una icónica y fantasmal especie, presentada por un locutor que lo describe como un animal “muy raro en la actualidad” y que “se ha visto obligado a abandonar su hábitat natural debido al avance de la civilización”. Aquellos segundos de Benjamin se han convertido en parte de una escuálida colección: juntando todas las filmaciones que existen en el mundo de tilacinos tendríamos una desoladora “película” de 3 minutos.

📸 Pez león rojo (Pterois volitans) capturado en el Santuario Marino Nacional Flower Garden Banks, frente a la costa de Galveston (Texas).

El pez león rojo (P. volitans), junto con su pariente el pez león soldado (P. miles), es el protagonista de una de las invasiones marinas más devastadoras de la historia. Estos animales son depredadores capaces de devorar una gran cantidad peces y otras criaturas marinas. Llegaron a Estados Unidos gracias al comercio de peces para acuarios. Según un mito urbano, los primeros ejemplares habrían sido liberados en Florida de forma accidental tras los destrozos provocados por el huracán Andrew en 1992. Lo cierto es que se desconoce cuál fue el origen de la invasión. Es probable que su expansión comenzase en la costa de Carolina del Norte y desde allí alcanzaron Florida para posteriormente internarse en el golfo de México y el mar Caribe. En 2010 fueron detectados en las costas de Venezuela y Colombia. Cuatro años después ya se encontraban en los arrecifes del sureste de Brasil.

📸 Grace Coolidge, Primera Dama de Estados Unidos, posa con la mapache Rebecca durante la Egg Rolling celebrada en la Casa Blanca en 1927.

Grace Coolidge, Primera Dama de Estados Unidos, posa con la mapache Rebecca durante la Egg Rolling celebrada en la Casa Blanca en 1927
📷 National Photo Company Collection

La mapache Rebecca dejó su huella al pie de las páginas de Historia al convertirse, de forma involuntaria, en una de las mascotas que han habitado la Casa Blanca. En 1926 fue capturada en Misisipi y entregada como regalo al presidente Calvin Coolidge con una aciaga sugerencia: que fuera servida durante la cena de Acción de Gracias. Rebecca debió ganarse el corazón de la pareja y eludir, al menos, la cazuela. No han sido los únicos humanos que llegaron a encariñarse de un mapache. Al margen de la industria dedicada al comercio de pieles, esta especie saltó desde Norteamérica hasta lugares tan lejanos como Francia o Japón gracias a aquellos que veían en ella un potencial animal de compañía. El fenómeno fue impulsado por películas y dibujos animados, que insertaron en el corazón de sus espectadores el deseo de poseer una exótica mascota adornada con un antifaz. Este fue el germen para que, tras ser liberados o escapar, los mapaches se hayan convertido en especies invasoras en ciertas regiones del planeta.

📸 El mago Kalanag junto con el guepardo Simbo en Ámsterdam, en el año 1962.

Helmut Ewald Schreiber fue un productor de cine y mago alemán, cuyo pasado estuvo íntimamente ligado con los nazis. Gracias a sus contactos con Joseph Goebbels, trabajó para el régimen de Adolf Hitler. Tras la guerra se le prohibió ejercer su profesión de cineasta, así que se centró en su faceta como mago. Adoptó Kalanag como nombre artístico, en honor al elefante Kala Nag que aparece en El Libro de la Selva de Rudyard Kipling. Kalanag creó un espectáculo plagado de ilusiones, bailarinas y distorsiones de países lejanos. El guepardo Simbo, regalo del monarca etíope Haile Selassie, era el toque final a la exótica representación. Durante el show, Simbo era introducido en una caja junto con la ayudante de Kalanag, su esposa Gloria de Vos, para luego desaparecer gracias a la pericia del mago.

El espectáculo de Kalanag inspiró durante su juventud a Siegfried Fischbacher, quien decidió dedicarse al ilusionismo. En 1957 conoció a Roy Horn mientras trabajan en el transatlántico TS Bremen, el cual le sugirió usar un guepardo, al que habían apodado Chico, en su espectáculo. Ambos fueron despedidos del barco por introducir al felino de contrabando. Tiempo después, acabarían formando el dúo Siegfried & Roy, convirtiéndose en iconos de Las Vegas por sus espectáculos con tigres y leones blancos.

📸 Un león de Berbería camina entre las montañas del Atlas. Imagen tomada durante un reconocimiento aéreo en el año 1925.

📷 Marcelin Flandrin

🦁 Mientras volaba desde Casablanca (Marruecos) hasta Dakar (Senegal), el fotógrafo militar Marcelin Flandrin captó esta escena de un león solitario en las montañas del Atlas. Aquel instante tomado por Flandrin se convirtió en la última imagen de un león de Berbería en estado salvaje. Corría el año 1925. Casi podemos imaginarnos cómo cada una de sus patas pisan la arena, dejando una fila de huellas y levantando pequeñas nubes de polvo. Camino a convertirse en un fantasma inmortalizado entre las rocas de su reino. En el pasado, este linaje felino se extendía por el norte de África, rugiendo entre montañas, desiertos y ecosistemas mediterráneos. Sin embargo, tras años de caza y persecución, estos leones desaparecieron. Las poblaciones sufrieron un enorme descenso cuando a mediados del siglo XIX las diferentes administraciones pusieron precio a sus cabezas. El último ejemplar cazado, del que tenemos registro, fue abatido en 1942 cerca del paso montañoso de Tizi n’Tichka en Marruecos. Mientras que el último avistamiento se produjo en 1956, en el distrito argelino de Beni Ourtilane. Se estima que los leones del Atlas salvajes sobrevivieron hasta la década de 1960, entre las remotas montañas de Argelia, antes de extinguirse.  

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